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27 noviembre 2009

Corona de Adviento


Es también una costumbre colocar en la casa una corona vegetal (de hoja perenne, ya sea ramas de abeto, yedra o muérdago) con velas; tradición  muy arraigada en el norte de Europa.
Representa desde tiempos remotos el ruego al sol para que regresara con su luz y calor durante el invierno y la innovación a la naturaleza para que regresara la vida y el verdor de la primavera. Pero como en tantos otros casos, los cristianos supieron adoptar el símbolo como una ayuda para preparar la venida de Jesús.
Todo es simbólico en la corona, el círculos es una figura geométrica sin principio ni fin, igual que Díos, y recuerda además los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo, así como la segunda y definitiva venida. Las ramas de hojas perenne representan la vida y la resurrección de Cristo, y el color verde evoca la esperanza del Adviento.
Sobre la corona hay cuatro velas: tres de color morado para recordarnos el espíritu de vigilia del período de adviento y una rosa o blanca, que manifiesta la alegría que el nacimiento del Señor está muy cerca.
En ocasiones se sustituye las velas moradas por otras rojas el día de Navidad para simbolizar el espíritu festivo de la reunión familiar, mientras que en otras zonas las velas son rojas desde principio y en el centro se coloca un cirio blanco que simboliza a Cristo como centro de todo cuanto existe.
Cada velas tiene su propio significado: la primera es el gozo; la segunda, la esperanza; la tercera la fe, y la cuarta, la paz.

15 noviembre 2009

A casa por Navidad


Parece obvio, puede que lo sea, es natural reunirse para celebrar. Sí, pero tiene sus razones histórico-antropológicas. Hay que retroceder muchos siglos para llegar a las primeras reuniones en torno a los fuegos de los hogares en las estaciones más oscuras del año, en las que en el exterior  el frío y la nieve invitaban a permanecer al calor del fuego. Con la primavera llegaba la dispersión de la comunidad, que continuaba durante el verano e incluso el otoño, mientras que el invierno la volvía a reunir con cierto aire festivo de reencuentro.
Mejor pasar en compañia los lagos meses de frío, pero no era éste el único mótivo. El periodo de menos luz, el invierno, era un tiempo temible porque la gente tenía conciencia de que las fuerzas del mal se movían a gusto. El soltiscio de invierno se consideraba el momento clave, cuando se producía la batalla crucial entre los espíritus malignos y el mundo de los vivos, entre la oscuridad y la luz, una batalla que tenía lugar en el exterior, a campo abierto, nunca al calor del fuego del hogar.
Se convirtió en costumbre pasar esos días con grandes y ruidosas celebraciones, para tratar de engañar a los espiritus del mal y que creyeran que había demasiados humanos juntos en aquel lugar como para atreverse a atacar. Ritos y tradiciones en un sentido de protección.

Felicidad es el camino

las cosas son siempre bellas

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